El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que
abundéis en esperanza por el poder del
Espíritu Santo. (Rom. 15:13).
Si Jesús no hubiera muerto como nuestro sacrificio y no
hubiera resucitado, nunca hubiéramos conocido la paz, nunca
hubiéramos sentido gozo, sino tan sólo habríamos experimentado los
horrores de la oscuridad y las aflicciones de la desesperación.
Por lo tanto, sólo la alabanza y
la gratitud sean el lenguaje de nuestro corazón. Toda nuestra vida hemos
participado de sus beneficios celestiales y recibido las bendiciones de
su expiación sin par. Por lo tanto, es imposible que concibamos
la degradada e impotente condición... de
la cual nos ha levantado Cristo.
Cuando sintamos los dolores, las aflicciones y los desamparos a que estamos
sometidos, ningún pensamiento de murmuración deshonre a nuestro Redentor...
No podemos establecer cuánto menos sufrimos de lo que merecen nuestros pecados...
¿Podemos contemplar al que nuestros pecados traspasaron
sin estar dispuestos a beber
de la copa de la humillación?
Nuestros pecados prepararon la copa amarga que él quitó de nuestros labios
para beberla él mismo, a fin de darnos en su lugar la
copa de la bendición...
El lenguaje del alma debiera ser de gozo
y gratitud. Si algunos tienen capítulos oscuros en su vida,
sepúltenlos. No se mantenga viva
esa historia mediante la repetición... Cultivad tan sólo aquellos pensamientos y
sentimientos que produzcan gratitud y alabanza...
Os suplico que nunca profiráis una palabra de queja, sino que alberguéis sentimientos de agradecimiento y gratitud. Al proceder así, aprenderéis a producir melodías en vuestro corazón.
Entretejed en vuestra experiencia como
urdimbre y trama las áureas hebras de gratitud.
Contemplad la tierra mejor, donde nunca se derraman lágrimas, donde nunca se experimentan las tentaciones y pruebas, donde no se conocen pérdidas ni reproches, donde todo es paz, gozo y felicidad.
Aquí puede espaciarse ampliamente vuestra imaginación.
Esos pensamientos os harán pensar más en el cielo, os dotarán de vigor celestial, satisfarán vuestra alma sedienta con ríos de aguas vivas, y pondrán sobre vuestro corazón el sello de la imagen divina.
Os llenarán con gozo y esperanza al creer, y permanecerán con vosotros
para siempre como un consolador (Manuscrito 9, 1883). ELC 37
AUDIO. https://youtu.be/5LR4phSsBoY
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