Venid
luego, dice Jehová y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la
grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana. (Isa. 1:18).
Las
promesas de Dios comprenden todas las bendiciones
espirituales que necesitan los seres mortales débiles y pecadores que
no pueden salvarse ni bendecirse a sí mismos. Lo que debiera causar
el gozo más profundo es el hecho de que Dios perdona el pecado.
Si aceptamos su promesa y abandonamos nuestros
pecados, está listo y dispuesto a limpiarnos de toda injusticia. Nos dará
un corazón puro y la presencia permanente de su Espíritu pues Jesús vive para
interceder por nosotros.
Pero. . . las cosas
espirituales se disciernen espiritualmente. Una fe vivaz, activa y
permanente es la que discierne la voluntad de Dios, la que se apropia de
las promesas y se beneficia con las verdades de su Palabra. No es porque somos justos,
sino porque somos necesitados, imperfectos, descarriados e impotentes por
nosotros mismos por lo que debemos depender de la justicia de Cristo y no de la
nuestra (Carta 4, 1889).
Cuando recibáis las palabras de Cristo como si os fueran dirigidas personalmente, cuando os
apliquéis la verdad individualmente como si fuerais el único pecador sobre la
faz de la tierra por el cual murió Cristo, aprenderíais a reclamar por fe los
méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado. . .
Muchos
sienten que sus defectos de carácter les hacen imposible
hacer frente a la norma que ha levantado Cristo; pero todo lo que deben hacer
los tales es humillarse a cada paso bajo la poderosa mano de Dios. . .
Cuando Cristo ve a los hombres
levantando las cargas, tratando de llevarlas con mente humilde, desconfiando de
sí mismos y confiando en él, añade a la obra de ellos la
perfección y suficiencia de él, y eso es aceptado por el Padre. Somos
aceptos en el Amado.
Los defectos del pecador son cubiertos por la perfección y plenitud del Señor, Justicia nuestra.
Los que con
voluntad sincera y corazón contrito se esfuerzan humildemente para vivir a
la altura de los requerimientos de Dios, son considerados por el
Padre con amor compasivo y tierno (Ibíd.). ELC24
AUDIO.
https://youtu.be/gIHfefS44QY
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