Pero
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo... y
juntamente con él nos resucitó, asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús. (Efe. 2:4-6).
Así como Dios levantó a Cristo de los muertos, para que, pudiera sacar a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio, y salvara con esto a su pueblo de sus pecados, así también Cristo ha levantado a los seres humanos caídos a la vida espiritual, reanimándolos con su vida, llenando sus corazones de esperanza y gozo. (RH31/03/1904).
Cristo se dio a sí mismo para la redención de la raza humana, para que todos los que creen en él puedan tener vida eterna. Los que aprecian este gran sacrificio reciben del Salvador el más precioso de todos los dones: un corazón limpio. Ganan una experiencia que es más valiosa que el oro, la plata o las piedras preciosas.
Se sientan juntos en los lugares celestiales con Cristo disfrutando en comunión con él el gozo y la paz que sólo él puede dar. Lo aman con el corazón, la mente y las fuerzas, porque comprenden que son su herencia comprada con sangre. Su visión espiritual no está disminuida por la política o las aspiraciones mundanales. Son uno con Cristo así como él es uno con el Padre. (Id., 30 de mayo, 1907).
Cristo
"se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda
iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras"
(Tito 2:14). El hizo una ofrenda tan completa que, mediante su gracia, cada uno
puede alcanzar la norma de perfección. De los que reciban su gracia y sigan su
ejemplo se escribirá en el libro de la vida: "Completo en él [en Cristo],
sin mancha ni mácula" (Ibíd.).
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo
con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" (Efe. 1:3).
¿Qué queda para que pidamos que no esté incluido en esa provisión misericordioso y abundante?
Por los méritos de Cristo somos bendecidos con todas las bendiciones
espirituales en los lugares celestiales en Cristo. Es nuestro privilegio el de
acercarnos a Dios, el de respirar la atmósfera de su presencia... (Id., 15 de
octubre, 1908). ELC/EGW/MHP 8
AUDIO. https://youtu.be/_g9ENtS24Bk
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