La
bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. (Prov.
10:22).
La alegría del cristiano nace por la consideración de las grandes bendiciones de que goza por ser hijo
de Dios... La gozosa iluminación del templo de la mente y el alma, por la seguridad de que tenemos
reconciliación con Dios, por la esperanza de una vida eterna mediante Cristo y por
el placer de ser bendición para otros, son gozos
que no acarrean tristeza con ellos.
Los que se complacen
en críticas, regocijos vanos, desorden, liviandad y vanidad espiritual, que
provienen de una experiencia superficial y vulgar, no tienen un fundamento real
y sólido de la esperanza y el gozo en el amor de Dios y en el convencimiento de
la verdad.
El espíritu inconstante, descuidado, festivo y liviano, no
constituye el gozo del que Pablo está ansioso que posean los seguidores de
Cristo. Esta clase usa su tiempo en frivolidad y excesiva liviandad. El tiempo
se acaba, el fin está cercano. Sin embargo, no han atesorado para sí mismos un
buen fundamento...
No necesitamos
el estímulo de un júbilo que disipe la reflexión, que no dé lugar a la
consideración y establezca costumbres livianas y conversaciones vulgares que
apesadumbran al Santo Espíritu de Dios y que nos incapacitan para la
contemplación del cielo y de las cosas celestiales.
Esa es la clase que tendrá motivo para lamentarse y plañir,
porque no estará preparada para los elevados gozos del cielo. Estará proscrita
de la presencia de Dios. Pero ante la luz de la presencia de Dios, los justos
resplandecerán y serán supremamente felices (Carta 28, 1897).
No
interesa lo que nos rodea sino lo que está dentro de nosotros. No lo que
tenemos sino lo que somos nos hará verdaderamente felices. Necesitamos un fuego
vivo en el altar de nuestros propios corazones. De ese modo veremos todas las
cosas con una luz dichosa y feliz (Id., 27,
1886). ELC 246
AUDIO. https://youtu.be/EArTExa3Q_o
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