Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos... (2 Cor. 13:5).
El grado de humanidad
que alguien afirme poseer, está determinado por el uso que haya dado a los
dones que Dios le confirió. Los miembros de la familia humana tienen derecho a
llevar el nombre de hombres y mujeres solamente en la medida en que empleen sus
talentos para el bien de otros.
Mientras ayuda a otros
es cuando el hombre está más estrechamente unido a Dios. El que es fiel a su
entereza recibida de Dios no solamente procurará la felicidad de su prójimo en
esta vida sino que le ayudará a obtener el premio de la vida venidera...
Se le pide al hombre
que ame a Dios por sobre todo, con toda el alma, con todas las fuerzas y con
toda la mente; y a su prójimo como a sí mismo. Esto no le es posible a menos
que se niegue a sí mismo.
Negarse a sí mismo significa dominar el espíritu cuando la pasión disputa por la supremacía; resistir la tentación de censurar y de hablar palabras de crítica; tener paciencia con el niño que es lerdo y cuya conducta es ofensiva y exasperante; permanecer en el puesto del deber aunque otros cedan; llevar
responsabilidades donde y cuando el deber lo requiera, no para obtener aplauso, no por costumbre, sino por la causa del Maestro, que ha dado a cada uno de sus seguidores una obra que debe ser hecha con inalterable fidelidad. Negarse a sí mismo significa hacer lo bueno cuando la [natural] inclinación guía a
servirnos y complacernos a nosotros mismos. Significa trabajar pacientemente y con alegría
por el bien de otros, aun cuando parezca que nuestros esfuerzos no son
apreciados...
Recordad
que necesitáis ser fortalecidos por constante vigilancia y oración. Mientras
miréis a Cristo, seréis salvos; pero en el momento en que confiéis en vosotros
mismos, estaréis en grave peligro. El que está en armonía con Dios
constantemente depende de su ayuda (Review and
Herald, 11 de julio, 1907).
ELC
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AUDIO.
https://youtu.be/taKPgra-TDk
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