Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciera, ¿con qué será salada?
No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
(Mat. 5:13).
Estas palabras fueron dichas a unos pocos y humildes pescadores.
Había sacerdotes y rabinos en aquella congregación de oyentes, pero a ellos no
les fueron dirigidas... Con estas palabras de Cristo obtenemos una idea de lo
que constituye el valor de la influencia humana.
Es obrar bajo la influencia de Cristo, exaltar lo que Cristo exaltó, impartir principios correctos y
detener el avance de la corrupción del mundo. Es esparcir la gracia
que sólo Cristo puede impartir.
Es elevar y suavizar las vidas y los caracteres de otros por medio del poder de un ejemplo puro junto a una fe y un amor sinceros. El pueblo de Dios debe ejercer un poder preservador y reformador en el mundo. Debe contrarrestar la influencia corrupta y destructiva del maligno (Review and Herald, 22 de agosto, 1899).
A medida que avancéis en la vida os encontraréis
con aquellos cuya suerte está lejos de ser fácil.
Los afanes y las privaciones, con ninguna esperanza de
mejores cosas en el
futuro, hacen su carga muy pesada...
Agobiados y oprimidos, no saben a dónde dirigirse en busca de alivio. Poned todo vuestro corazón en la tarea de ayudarlos... Recordad que Cristo murió tanto por ellos como por vosotros. Extendedles una mano de ayuda...Haced de esto una norma, sin proferir jamás una sola palabra de duda o desánimo.
Podéis realizar mucho para iluminar las vidas de otros y para fortalecer sus
esfuerzos con palabras de santo gozo (The Watchman, 5 de mayo, 1908).
El
más humilde y más pobre de los discípulos de Jesús puede ser una bendición para
otros. Puede ser que no se den cuenta de que están realizando algo
especialmente bueno, pero con su influencia inconsciente pueden poner en marcha
olas de bendición que se extenderán y profundizarán y cuyos benditos resultados
pueden no conocer hasta el día de la recompensa final
(Ibíd.). ELC 240
AUDIO. https://youtu.be/MYQPVzwfa8k
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