Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando
tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. (Mat. 18:15).
Escribe el apóstol: "Y Ante todo, tened entre
vosotros ferviente amor…" (1 Ped. 4:8).
No escuchéis las acusaciones contra un hermano o una hermana.
Sed muy prudentes al recibir una censura contra vuestro
prójimo.
Preguntad al que hace la acusación si ha obedecido la orden de Dios en cuanto
a este asunto. Cristo ha dejado instrucciones explícitas de cómo debe hacerse.
Ve a tu hermano y dile su yerro, entre él y tú solos,
No os excuséis a vosotros mismos con esto, diciendo: "No
hay agravio personal
entre el que es acusado y yo mismo".
Las reglas dadas por Cristo son tan definidas y explícitas que esta excusa no es válida. Sea que haya o no agravio entre vosotros y el acusado, el mandato de Cristo es el mismo. Vuestro hermano necesita ayuda.
Decidle a él, no a
ningún otro, los rumores que están circulando en cuanto a él. Dadle la
oportunidad de explicarse. Es posible que los informes sean falsos, y en ese
caso las dificultades pueden arreglarse por medio de una simple explicación.
Este trato debe darse a todo el que se supone que está en error (Manuscrito 31, 1911).
Pablo dijo: "…Si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gál. 6:1).
Estas palabras son el
mandato del cielo, y deben ser llevadas a la práctica diaria. Si uno está en
falta, en lugar de hablar a algún otro de ello, id a quien pensáis que está en
error y compasiva y consideradamente, como desearíais ser tratados si
estuvierais en su lugar, habladle de su error.
Si no se le habla de su falta sino que en lugar de eso se hacen conjeturas entre vosotros
y no se hace ningún esfuerzo para salvar al pecador advirtiéndole de su peligro
¿Cómo considerará Dios a quienes hagan esta obra inhumana?
Dios
declara: "…No hay justo, ni aún uno" (Rom. 3:10). Todos tienen la misma naturaleza pecaminosa.
Todos pueden cometer errores. Nadie es perfecto... Por eso nuestra obra no
consiste en condenar (Ibíd,). ELC 293
AUDIO. https://youtu.be/4zDl03Pdimo