¡Cuán
dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. (Sal. 119:103).
Dios nos ha dado en su Palabra una lámpara a los pies y una luz
en el camino. Sus enseñanzas tienen un peso decisivo en nuestra prosperidad en
todos los aspectos de la vida. Aun en las cosas temporales será una guía
más sabia que cualquier otro consejero...
El aprecio hacia la Biblia crece a medida que se la estudia. A cualquier parte [de ella] que se dirija, el estudiante hallará desplegada la infinita sabiduría y el amor de Dios. Para el que está realmente convertido,
la Palabra de Dios es el gozo y el consuelo de su vida. El Espíritu de
Dios le habla y su corazón llega a ser como
un jardín bien regado.
No se ha planeado nada mejor para fortalecer el intelecto que el estudio de la
Biblia. Ningún otro libro tiene tanto poder de elevar los pensamientos y
dar vigor a las facultades como las amplias y ennoblecedoras verdades de la
Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres
tendrían una grandeza de espíritu, una nobleza de carácter que raramente pueden
verse en estos tiempos.
Ningún conocimiento es
tan firme, tan consistente, tan abarcante como el que se obtiene del estudio de
la Palabra de Dios. Si no hubiera ningún otro libro en todo el mundo, la
Palabra de Dios, vivida mediante la gracia de Cristo, haría al hombre perfecto
en este mundo, con un carácter apto para la vida futura, inmortal.
Los que estudian la Palabra, recibiéndola por fe como la verdad, y recibiéndola en el
carácter, serán completos en Aquel que es todo en todos. Gracias a Dios
por las posibilidades que ofrece a la humanidad.
"Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin
de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos
esperanza" (Rom. 15:4).
"Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que
tu aprovechamiento sea manifiesto a todos" (1 Tim. 4:15).
"Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba
se seca, y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre…" (1 Ped. 1:24, 25).
(Review and Herald, 11 de junio, 1908). ELC 136
AUDIO. https://youtu.be/EinvbvKR5o8
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