Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual
da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Sant. 1:5).
Es el privilegio de cada creyente hablar primero con Dios en su intimidad, y luego, como vocero de Dios, hablar con otros. Para tener algo que impartir, debemos recibir diariamente luz y bendiciones.
Hombres y mujeres que tienen comunión
con Dios, que tienen a Cristo morando en ellos, que están circundados
de santa influencia porque colaboran con santos ángeles, son
los que se necesitan en este tiempo. La causa necesita a los que
tienen poder de trabajar con Cristo, poder de expresar el amor
de Dios en palabras de ánimo y simpatía.
Cuando el creyente se inclina en súplica ante Dios, y en
humildad y contrición ofrece su petición con labios no fingidos, pierde todo
pensamiento egoísta. Su mente se llena del pensamiento de qué debe poseer para
poder formar un carácter semejante a Cristo.
El Ora: "Señor,
si debo ser un canal a través del cual tu amor debe fluir
día tras día y hora tras hora, reclamo por la fe la gracia y
el poder que tú has prometido". Se aferra firmemente de la
promesa: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a
Dios... y le será dada".
¡Cuánto se agrada el Maestro con esta dependencia!
¡Cómo se
deleita en oír la súplica ferviente e incesante!...
Con gracia maravillosa y ennoblecedora el Señor santifica al humilde que ruega, dándole poder para cumplir con las más pesadas responsabilidades. Todo lo que se emprende se hace para el Señor, y esto
eleva y santifica la petición más insignificante. Reviste de nueva dignidad cada palabra, cada acto, y une
al más humilde obrero, al más pobre
de los siervos de Dios con el mayor de los ángeles de las cortes
celestiales...
Los hijos y las hijas de Dios tienen que hacer una gran obra en el mundo.
Deben aceptar la Palabra de Dios como su consejera y han de impartirla a otros.
Deben
hacer brillar la luz... En su conversación y en su
comportamiento mostrarán que gozan de una conversión diaria a
los principios de la verdad (Review and Herald, 4 de marzo, 1909). ELC 68
AUDIO.
https://youtu.be/AIe-jtYsgtA