jueves, 6 de agosto de 2026

06. LA SENDA DEL SACRIFICIO. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y decía a todos: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (Luc. 9:23).

Cristo declara que como él vivió así debemos vivir nosotros... Sus huellas [nos] encaminan a lo largo de la senda del sacrificio. A medida que vivimos vienen hacia nosotros muchas oportunidades para servir.

A todo nuestro rededor hay puertas abiertas para el servicio. Con el uso correcto del don del habla podemos hacer mucho por el Maestro. Las palabras son un poder para el bien cuando están colmadas de la benevolencia y simpatía de Cristo. El dinero, la influencia, el tacto, el tiempo y la fuerza, todos éstos son dones confiados a nosotros para hacernos más útiles a los que nos rodean y para que honremos más a nuestro Creador.

Muchos sienten que sería un privilegio visitar [los lugares donde se desarrollaron] las escenas de la vida de Cristo en la tierra, caminar por donde él anduvo, contemplar el lago donde le gustaba enseñar, y los 

valles y las colinas donde a menudo descansó su vista. Pero no 

necesitamos ir a Palestina para caminar en las huellas de Jesús. 

Encontraremos sus pisadas al lado de la cama del doliente, en las chozas de los pobres, en las atestadas callejuelas de la gran ciudad y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesiten consuelo (Review and Herald, 29 de febrero, 1912).

Así como seguimos el curso de una corriente de agua por la huella de viviente verdor que produce, así también Cristo podía ser visto en los actos de misericordia que marcaron su senda a cada paso.

Doquiera iba, la salud brotaba y la felicidad seguía por donde quiera que pasaba. El ciego y el sordo se regocijaban en su presencia. El rostro de Cristo era lo primero que muchos ojos contemplaban, sus palabras lo primero que jamás había resonado en sus oídos.

Sus palabras para el ignorante le abrían a éste las fuentes de la vida... El dispensaba sus bendiciones con abundancia y constantemente. Estas eran los almacenados tesoros de la eternidad, los ricos dones del Señor para el hombre (Id., 25 de abril, 1912). ELC 226

AUDIO. https://youtu.be/2_2tjeBpGDU

 

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