Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente
cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. (1 Crón. 29:14).
Los que viven en esta
tierra debieran unirse con las huestes celestiales en atribuir toda honra y
gloria al Creador. Ningún hombre tiene el menor motivo para ufanarse o
exaltarse a sí mismo, aunque haga [al máximo] lo mejor que pueda...
Constantemente Dios
está obrando para subsanar las deficiencias humanas. Aun el arrepentimiento es
originado por medio de la aplicación de la gracia. El corazón natural siente
que no necesita arrepentimiento.
Las lágrimas que
brotan de los ojos del hombre a causa de la tristeza por su pecaminosidad y
debidas a la simpatía hacia otros pecadores, comienzan espontáneas. Ellas son
como rocío de los ojos que pertenecen a Dios...
Las buenas resoluciones que hacemos constituyen únicamente la
expresión de los deseos que son de Dios. La vida reformada no es sino el mejor
empleo de una vida que ha sido rescatada por el sacrificio de su Hijo Jesús. No
deberíamos atribuirnos crédito alguno por ninguna cosa que podamos hacer...
También la fe es un don de Dios. La fe es el asentimiento de la
comprensión del hombre ante las palabras de Dios, que ata el corazón al
servicio de Dios. ¿Y de quién es la comprensión humana sino de Dios? ¿De quién
el corazón sino de Dios? Tener fe es rendir a Dios la inteligencia, la energía,
que hemos recibido de él. Por lo tanto, los que ejercitan la fe no merecen para
sí mismos ningún crédito...
Las aptitudes celestiales concedidas no debieran emplearse con fines egoístas. Cada energía,
cada don es un talento que debiera contribuir a
la gloria de Dios al ser usado en su servicio...
No se permita a nadie buscar la exaltación propia al hablar de lo que ha hecho, que enaltezca
sus habilidades, que haga gala de sus conocimientos y que cultive la presunción
(Review and Herald, 19 de diciembre, 1904).
El que haya recibido de Dios dones no comunes, devuelva al... Señor lo que ha recibido, dando generosamente a otros los beneficios de sus bendiciones. A esos Dios honrará y glorificará
(Id., 1º de diciembre, 1904). ELC
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AUDIO.
https://youtu.be/0gCJngjqIzU
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