Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca,
cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. (Sal. 63:5, 6).
He pasado muchas horas de insomnio y de dolor,* pero se me han presentado
las preciosas promesas
de Dios, tan frescas y con poder vivificante para mi mente.
El querido Salvador ha estado muy cerca
de mí, y me agrada meditar en el amor de Jesús. Su tierna compasión y las
lecciones que dio a sus discípulos llegan a ser claras y tan
llenas de significado que son el alimento del alma como maná
celestial...
Cuando el Señor ve
oportuno decir: "Estate aquí acostado pacientemente y
reflexiona", y cuando el Espíritu Santo trae muchas cosas a mi
memoria, preciosas más de lo que puede expresarse, no veo qué razón tengo para
quejarme...
Recordé los versos que
han sido un consuelo para mi muchas veces en mi aflicción: “No puedo ver un
paso adelante al comenzar un nuevo año; pero Dios me cuidó en el pasado, él me
mostrará el futuro, y lo que a lo lejos parece oscuro quizá brille de cerca”.
"Bendita y confiada ignorancia: es mejor no saber; me sostiene en los poderosos brazos
que
no me dejarán y susurra a mi triste alma que descanse en el pecho amoroso.
"Así sigo, sin saber, ni quisiera saber si pudiera. Prefiero en lo negro ir con
Dios, que solo en la luz. Caminaría por fe con él, antes que solo por vista.
"Mi
corazón retrocede ante la prueba que pueda haber en el futuro, pero
no tengo dolor que el amado Señor no haya permitido. Así que rechazo las
lágrimas susurrando: Él sabe". (Manuscrito 40, 1892/EGW). ELC 122.
AUDIO.
https://youtu.be/oTDaG_CAt7E
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