Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. (2 Tes. 3:3).
¡Cuántos hay que van por la vida bajo una nube de condenación!
No creen en la Palabra de Dios. No
tienen fe de que hará lo que dijo.
Muchos que anhelan
ver a otros descansar en el amor perdonador de Cristo no reposan ellos mismos
en él. Pero, ¿cómo podrán guiar a otros a tener una fe
sencilla, ingenua en el Padre celestial cuando ellos miden su amor por sus
sentimientos?
Confiemos en la Palabra de Dios implícitamente,
recordando que somos hijos e hijas suyos.
Ejercitémonos en creer su Palabra. Herimos el corazón de Cristo al dudar,
cuando nos ha dado la evidencia de su amor. Él puso su vida para salvarnos.
El nos dice: "Venid a
mí..., y tendréis descanso..." ¿Creéis que hará así como dijo? Entonces,
cumplidas las condiciones, no llevéis por más tiempo la carga de
vuestros pecados. Ponedla sobre el Salvador. Confiaos vosotros
mismos a él. ¿No ha prometido que os dará descanso?
Pero ¡a cuántos está
él obligado a decirles tristemente: "Y no queréis venir a mí para que tengáis
vida"! (Juan 5:40). Muchos fabrican para sí mismos cargas penosas de
llevar (Review and Herald, 28 de febrero, 1907).
Mirad a Cristo, espaciaos en su amor y misericordia. Esto llenará el alma de odio hacia
todo
lo que sea pecaminoso y le inspirará un intenso deseo de tener la
justicia de Cristo.
Cuanto más claramente vemos al Salvador, tanto más
claramente discernimos nuestros defectos de carácter. Confesad
vuestros pecados a Cristo y cooperad con él con verdadera contrición
de alma abandonándolos. Creed que están perdonados.
La promesa es clara: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de
toda maldad" (1 Juan 1:9).
Estad seguros de que la Palabra de
Dios no falla. El que prometió es fiel. Tenéis el deber de creer que Dios cumplirá su
promesa perdonándoos como tenéis el deber de confesar vuestros
pecados (Ibíd.). ELC 112
AUDIO. https://youtu.be/FSXM_t-B5kU
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