Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas. (Efe. 5:11).
Muchos cristianos nominales están bien representados por la vid que se arrastra por
el suelo y
entrelaza sus zarcillos en las raíces y los desperdicios que encuentra a su
paso.
A todos ellos se
dirige el mensaje: "…Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y
vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso." (2 Cor.
6:17, 18).
Si
queremos ser bendecidos y honrados por Dios debemos cumplir ciertas
condiciones. Debemos estar separados del mundo y rehusar esas cosas que
alejarían nuestros afectos de Dios. Dios tiene el primero y más elevado derecho
sobre su pueblo.
Poned vuestros afectos en él y en las cosas
celestiales. Vuestros zarcillos deben ser cortados de todo lo que sea terrenal.
Se nos invita a no tocar lo inmundo; porque al hacerlo vosotros mismos os volvéis
inmundos.
Es imposible que os unáis con los que son corruptos y que sin embargo
quedéis puros. "¿Qué comunión [hay entre] la luz y las
tinieblas?"
Dios y Cristo y la hueste celestial quisieran que el hombre sepa
que si se une con los corruptos, se volverá corrupto. Se ha hecho amplia
provisión para que seamos levantados de las bajezas de la tierra y tengamos
puestos nuestros afectos en Dios y en las cosas celestiales...
Todos nuestros actos
son afectados por nuestra experiencia religiosa. Si nuestra experiencia está
fundada en Dios; si estamos diariamente gustando el poder del mundo venidero y
tenemos la comunión del Espíritu; si cada día nos aferramos más firmemente de
la vida superior, se nos inculcarán principios santos y elevadores y para
nosotros será natural buscar la pureza, la santidad y la separación del mundo,
como lo es para los ángeles de gloria ejecutar las misiones de amor que les son
encargadas (Review
and Herald, 2 de enero, 1900).
Nuestra consagración a Dios debe ser un principio viviente que esté entretejido con la vida y que lleve a la abnegación y el sacrificio personal. Debe constituir la base de nuestros pensamientos y el resorte de cada acción. Esto nos elevará por encima del mundo y nos separará de su influencia contaminadora (Ibíd.). ELC 170
AUDIO.
https://youtu.be/IE7jVbKxYpI
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