jueves, 11 de junio de 2026

11. SEPARADOS DE LAS COSAS TERRENALES. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas. (Efe. 5:11).

Muchos cristianos nominales están bien representados por la vid que se arrastra por 

el suelo y entrelaza sus zarcillos en las raíces y los desperdicios que encuentra a su paso.

A todos ellos se dirige el mensaje: "…Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso." (2 Cor. 6:17, 18).

Si queremos ser bendecidos y honrados por Dios debemos cumplir ciertas condiciones. Debemos estar separados del mundo y rehusar esas cosas que alejarían nuestros afectos de Dios. Dios tiene el primero y más elevado derecho sobre su pueblo.

 Poned vuestros afectos en él y en las cosas celestiales. Vuestros zarcillos deben ser cortados de todo lo que sea terrenal. Se nos invita a no tocar lo inmundo; porque al hacerlo vosotros mismos os volvéis inmundos.

Es imposible que os unáis con los que son corruptos y que sin embargo 

quedéis puros. "¿Qué comunión [hay entre] la luz y las tinieblas?"

Dios y Cristo y la hueste celestial quisieran que el hombre sepa que si se une con los corruptos, se volverá corrupto. Se ha hecho amplia provisión para que seamos levantados de las bajezas de la tierra y tengamos puestos nuestros afectos en Dios y en las cosas celestiales...

Todos nuestros actos son afectados por nuestra experiencia religiosa. Si nuestra experiencia está fundada en Dios; si estamos diariamente gustando el poder del mundo venidero y tenemos la comunión del Espíritu; si cada día nos aferramos más firmemente de la vida superior, se nos inculcarán principios santos y elevadores y para nosotros será natural buscar la pureza, la santidad y la separación del mundo, como lo es para los ángeles de gloria ejecutar las misiones de amor que les son encargadas (Review and Herald, 2 de enero, 1900).

Nuestra consagración a Dios debe ser un principio viviente que esté entretejido con la vida y que lleve a la abnegación y el sacrificio personal. Debe constituir la base de nuestros pensamientos y el resorte de cada acción. Esto nos elevará por encima del mundo y nos separará de su influencia contaminadora (Ibíd.). ELC 170

AUDIO. https://youtu.be/IE7jVbKxYpI


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