sábado, 6 de junio de 2020

18. “LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES” TESTIMONIO 1 PARA LA IGLESIA (1855). TOMO 1.


Vi que descansa sobre los padres una gran responsabilidad. Deben dirigir a sus hijos y no dejarse mani­pular por ellos. Se me señaló el caso de Abrahán. Él era fiel en su casa, gobernó a su familia después de él, y ello fue recordado por Dios. (115) Se me mencionó luego el caso de Elí. El no reprendía a sus hijos y éstos se pervirtieron y envilecieron, y por su maldad extraviaron a Israel. Cuando Dios hizo conocer sus pecados a Samuel, y le comunicó la grave maldición que los iba a sobrecoger porque Elí no los había reprendido, dijo que sus pecados no podían ser limpiados 
por sacrificios u ofrendas. 
Cuando Samuel le transmitió lo que el Señor le había revelado, Elí se sometió, diciendo: "Jehová es; haga lo que bien le pareciere" (1 Sam. 3:18). La maldi­ción de Dios no tardó en sobrevenir. Aquellos malvados sacerdotes fueron muertos así como treinta mil hombres de Israel, y el arca de Dios fue tomada por el enemigo. Y cuando Elí oyó que el arca de Dios fue tomada, cayó de espaldas y murió. Todo este mal resultó de la negligencia de Elí 
en cuanto a re­prender a sus hijos. 
Vi que si Dios era tan escrupuloso que advertía tales cosas antiguamente, no las no­ta menos en estos últimos días. Los padres deben gobernara sus hijos, corregir sus acciones y subyugarlos, o Dios destruirá seguramen­te a sus hijos en el día de su gran ira, y los padres que no hayan dominado a sus hijos no quedarán sin culpa. De manera especial, deben los siervos de Dios gobernar a sus propias familias y mantenerlas en buena sujeción.
 Vi que no están preparados para juzgar o decidir asuntos de la iglesia, a menos que puedan gobernar bien su propia casa. Primero deben poner orden en su casa, y luego su juicio e in­fluencia pesarán en la iglesia. 
Vi que las visiones no habían sido más frecuentes últimamente porque no han sido apreciadas por la iglesia. La iglesia ha perdido casi completamente su espiritualidad y fe, y las reprensiones y amonesta­ciones han tenido muy poco efecto sobre ella. Muchos de los que profesaban tener fe en aquéllas no las escucharon. Algunos siguieron una conducta poco juiciosa cuando hablaban de su fea los incrédulos, y si se les exi­gía una prueba, leían una visión en vez de recurrir a la Biblia para encontrar la prueba requerida. 
Vi que esta conducta no es consecuente, y crea en los incrédulos prejuicios contra la verdad. Las visiones no pueden tener peso para aquellos que nunca las han visto, y no conocen su espíritu. No se debe recurrir a ellas en tales casos.

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